
Entrevista realizada en Marzo de 2008
La fachada del Hotel Palacio de Arteaga nos cuenta de otros tiempos cuando con un silbido Guillermo Fernández Vara nos saluda. Llega sonriente, con pasos “calmos”, como dirían sus abuelos impregnados de espíritu portu- gués y español. Sin traje, sin corbata… que ahora cuelgan, imaginamos, en algún armario. Lo que no sabemos es si ha conseguido liberarse del peso del poder. Está en su ciudad natal, en Olivenza. Aquí nos recibe y aquí trataremos de descubrir qué hay detrás de este hombre que, a menudo, se esconde en sus silencios.
“Hay que guardarse algunos sentimientos que forman parte del misterio de las personas”
Pero esto… es casi como un juego ¿no? “No, no es un juego, pero se debe hacer, debe haber una parte de ti que la gente no conozca, aquello que menos impacto tenga en la vida de la gente. Un pequeño mundo que te da pudor sacarlo a la luz”.
Sin embargo, matiza, “hay cosas que, por supuesto, la gente debe conocer. El ciudadano pone muchas cosas en nuestras manos, muchas decisiones sobre su salud, la educa- ción de sus hijos… por lo tanto cuantas más cosas conozca de ti, mejor; tiene que conocer- te lo mejor posible”. ¿Paradoja? No, “hay que mostrarse pero no exhibirse; debes darte a conocer sin caer en el exhibicionismo”.

Uno de los patios del Palacio de Arteaga nos ofrecerá un rincón al que llegan murmullos de la gente que pasa y que a veces saluda en silencio al presidente. Guillermo nos mira sin prisas. Y bajo sus ojos directos, vemos unas leves ojeras que no parecen endurecer el rostro. ¿Cansado? “Un poquito”. Son ya siete meses de presidente de la Junta de Extremadura.
“Esto es distinto. Al mundo de la bata blanca le tenía cogido el tranquillo, pero esto es diferente”. Y como buen forense disecciona su nueva situación. “Cada día son muchos los elementos que me ocupan… con el tiempo conseguiré acostumbrarme”. Hace un silencio para decir bajito: “espero no acostumbrarme del todo porque no es bueno acostumbrarse a que las cosas no produzcan responsabilidad”.

Poder y soledad
Este hombre de aspecto aparentemente frío y calculador irá ofreciéndonos pequeñas dosis de ese mundo más privado e íntimo que son las sensaciones. “Al llegar al despacho presidencial percibes inmediatamente dos cosas, una el poder que te han dado sin que casi lo llegues a imaginar y otra la soledad”. Sonríe. “A los tres días de ser nombrado presidente acudí a una exposición de pintura; me detuve más tiempo ante un cuadro; alguien debió darse cuenta y a los días me lo habían enviado. ¿Cómo es posible?”, se pregunta con las manos en alto. “Ahora lo tengo colgado en mi casa”. Le recordamos que fue, precisamente, un alcalde del Partido Popular.
¿Y esa soledad? “Es grande. Muy grande. Las decisiones las tomas tú”. Nos habla de las muchas ocasiones en las que ha sentido deseos de recurrir a Juan Carlos, así llama a su predecesor en la Presidencia de la Junta. “Me he apoyado mucho en él en aspectos como nuestra relación con España, con el Estado, con Europa, con el Rey, nuestro papel en el Comité de las regiones… cuestiones difíciles si no has estado metido en ellas”. Y con la seguridad que da el saberlo a su lado, recono-ce que ha recurrido a él “quizá menos veces de las que debiera, a riesgo de equivocarme, pero necesitaba también adquirir capacidad para tomar decisiones solo”.
Y frente al hombre que vistiera en su día bata blanca y no se permitiera segundos de duda, descubrimos un hombre con un discurso en el que a veces afloran dudas e incertidumbres. “Pues claro que dudo todos los días, cómo no voy a dudar”.
“Hay quien me dice que tengo que tener cuidado porque la duda genera inseguridad en la gente.. ¡que va! -dice dando una manotada al aire- lo que genera es normalidad; si no dudara sería Dios y no lo soy. La duda te hace acertar más que la intransigencia; la duda llega porque te cuestiones cosas y hace que tengas que mirar desde distintas posiciones. Lo ves todo mejor”.

El AVE. Otro de los “caminos sin retorno” iniciado por España y Extremadura, nos dice, pero en el que Portugal tiene un papel clave: el desarrollo del tramo Badajoz-Lisboa. “Hay que seguir trabajando con Portugal para sacar adelante el tramo a Lisboa, porque un AVE una vez al día no resuelve nada, resuelve un AVE cada media hora, eso es lo que cambia las cosas y eso pasa porque Madrid y Lisboa estén unidas; de modo que no pongamos tanto énfasis en nuestras fechas, porque la clave está en las fechas del otro lado”, de Portugal.
“Españolito de Portugal”
Portugal. La compañera de “nuestra querida tierrita”, como se referirá, en más de una ocasión, a Extremadura. ¿Cómo concebir a Extremadura sin Portugal? Hombre nacido en la frontera, en su mestizaje. Sin lindes. “Las fronteras empequeñecen. Entre la desaparición real y que las personas nos sentimos más de donde nos sentimos bien y con quien nos sentimos bien, y no sólo de donde somos, no parece lógico que haya gente que se empeñe en reproducir fronteras”. Mira a su alrededor y como quien dice una obviedad apunta “aquí viven centenares de matrimonios de portugueses y españoles”.

Queda en silencio. Nos mira. Hablamos de Saramago. Envidiamos su “sermão aos peixes”. “Esos sí que no saben de fronteras”. Y descubrimos un lugar de escape. “Puente de Ajuda. Cuando pesco me gusta ir ahí, al puente destruido. Miras hacia abajo y todo lo que circula por ahí desconoce lo que son las fron- teras… aunque aquí, en Olivenza, eso de ser españolito de Portugal es verdad porque las culturas confluyen en cada rincón, en cada sitio de Olivenza”.
Y vuelve a ofrecernos otra dosis de su mundo privado. Nos arrastra a nadar entre sus recuerdos. “Mis abuelos y mis padres habla- ban entre ellos en portugués; recuerdo en mi casa oír hablar siempre en portugués, aunque a nosotros nos hablaran en castellano”. Un doble espíritu que se vivía “con absoluta normalidad” y que, quizá, ahora se eche de menos. “Sí, se echa de menos, aunque se está haciendo un enorme esfuerzo por el mantenimiento del portugués, y muchos niños lo tienen ya como segundo idioma… mis hijos, sin ir más lejos”.
Texto: Mari Cruz Vázquez y César Serrano | Fotografía: Álvaro Fernández Prieto
Entrevista realizada en 2008



















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